Racismo entre iguales

Hay pocas cosas más tontas que el racismo y la discriminación entre latinoamerican@s. Lamentablemente, solo hay que entrar a Twitter o Facebook después de un partido de fútbol entre dos países de la región para leer una completa gama de insultos alimentados por prejuicios, ignorancia, y patriotismo mal entendido.

Mi experiencia con personas de otros países está lejos de lo “normal”. He tenido la suerte de crecer rodeada de personas de diferentes nacionalidades. Mis mejores amigas son de Taiwan, México, y España; me casé con un chileno y tengo una cuñada ecuatoriana y un cuñado uruguayo. He vivido en Uruguay (donde nací), Argentina, España, Ecuador, Colombia, EEUU, y Chile; y por mi trabajo trato con personas de Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Puerto Rico, Guatemala, Costa Rica, México y más.

Sin embargo, los que han nacido y crecido en un sólo país de América Latina ahora mismo están casi tan expuestos como yo a personas y tradiciones de otros países de la región. En Santiago, Chile, puedes pedir comida peruana a domicilio, comerte un chivito al pan o al plato en uno de varios restaurantes uruguayos, y comprar harina “Pan” en el supermercado para hacer arepas en tu casa. A Santiago han llegado latinoamericanos de todas partes, atraídos por oportunidades de trabajo y la promesa de un mejor estilo de vida. Pero también son víctimas de racismo y discriminación, males que hemos denunciado nosotros mismos, los latinoamericanos, desde Estados Unidos o Europa. ¿Cuándo nos convertimos en lo que tanto criticábamos?

Foto de hiperkarma en Flickr (CC BY-SA 2.0)

Este año he estado en 4 países latinoamericanos, contando Chile, donde vivo actualmente. En diciembre y enero estuve en Uruguay con mi familia: mi esposo chileno se volvió fanático del fainá, se compró una camiseta de Peñarol, y por unas semanas mi hija de 3 años dijo “plasha” en vez de su usual “playa”.

Meses después viajé a una conferencia en Panamá que reunió a personas de todo el continente. Vi como un argentino se colgaba desesperadamente del lento Internet del aeropuerto en la ciudad de Panamá para ver cómo terminaba el partido de fútbol de su equipo favorito –que ahora está “en la B”. En el mismo viaje, un boliviano mostraba la misma desesperada preocupación por su equipo de fútbol que también está luchando por subir de nuevo a primera división. Un par de noches después escuché más de 5 acentos reírse a carcajadas en una sobremesa que se alargó por horas entre risas y confesiones.

Después viajé a Ecuador, donde otro boliviano y un ecuatoriano me explicaron sus razones para no compartir la obsesión futbolera que inunda sus países. En ese mismo viaje escuché un brindis en 4 idiomas: español (en varios acentos ecuatorianos), y 3 idiomas indígenas. En el vuelo de vuelta a Chile leí crónicas sobre la lucha del pueblo Wixárica en México, la boxeadora peruana Kina Malpartida, la cantante mexicana Lila Downs, y el clásico argentino entre Boca y River.

Esta muy bienvenida sobredosis de “latinaomericanidad” me tuvo en una especie de “high” por unos días, pensando con emoción que somos tan diferentes pero a la vez tan iguales, que es un orgullo haber nacido y crecido mayormente aquí, en América Latina. Pero los comentarios que he visto en redes sociales después de mi regreso me han vuelto abruptamente a la realidad: nos falta mucho para respetarnos, para admirarnos, para conocernos.

En Ecuador un otavaleño me dijo que a América la encontraron, pero que todavía no la han descubierto. Él se refería a los que vinieron desde fuera de América, pero entre los que estamos aquí, ahora, en diferentes países del continente ¿nos hemos descubierto?

Miguel de Unamuno dijo que “el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”. Aunque sin duda ayuda, ya no hace falta viajar para curarnos de este racismo. Desde que Unamuno dijo eso, el Internet y el acceso a la información han vuelto obsoleto el requerimiento de “viajar” para curarse del racimo. Desde nuestra casa, frente a nuestro computador, podemos escuchar Radio Ambulante, leer Gatopardo, Distintas Latitudes, Etiqueta Negra, por supuesto Global Voices, y mucho, mucho más. El material está ahí –solo hay que hacer “click” para descubrirnos.

Algunas canciones del “soundtrack” de los últimos meses:

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